GRANDES BATALLAS DE AZEROTH: LA SEGUNDA GUERRA – LA BATALLA DE ALTERAC

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Correcciones: Abidormi

¡Traición! El reino de Alterac ha dado paso libre a la Horda para que ataquen Lordaeron. Una paloma mensajera alerta a Stromgarde. ¡El rey Thoras es la única esperanza!

La siguiente información proviene principalmente de la novela oficial de la Segunda Guerra: “Mareas Tenebrosas” y se ha complementado con información de Warcraft: Crónicas 2 que en algunos puntos retconea/reescribe detalles de la trama.

ANTECEDENTES

Tras haber sufrido grandes bajas en Quel’thalas y no conseguir penetrar en la ciudad de Lunargenta, Orgrim se retiró con la mayoría de las fuerzas que le quedaban hacia el oeste. Su objetivo principal había sido siempre la ciudad capital de Lordaeron, y con la mitad del ejército de la Alianza defendiendo a los enanos en las Tierras del Interior y la otra mitad protegiendo a los elfos en Quel’thalas, Lordaeron estaba desprotegida.

Como los caminos principales contaban con guarniciones y vigilancia, optó por viajar por las montañas. Si bien la travesía sería más difícil, tendrían mayor posibilidad de sorprender al enemigo.

En Quel’thalas, Turalyon supuso rápidamente que Orgrim se había retirado hacia Lordaeron, pero contaba con que el reino de Alterac sería capaz de retrasarlos el tiempo suficiente como para que él y la mitad de la Alianza acudieran a su rescate. No obstante, eso jamás sucedería.

En lo alto de las montañas, la Horda fue contactada por emisarios del rey Perenolde. Orgrim accedió a una reunión secreta entre ambos líderes y tras una breve negociación, llegaron a un acuerdo: la Horda no asesinaría, no saquearía, ni cometería ninguna atrocidad en los territorios del reino y, a cambio, el rey Perenolde garantizaría paso libre por los desfiladeros del sur, los cuales conducían directamente hacia la ciudad capital de Lordaeron.

Con el pacto sellado, las tropas de la Horda se prepararon para el viaje. En la ciudad de Alterac, Perenolde informó del acuerdo a su círculo más cercano. Sus hombres no estaban de acuerdo, sin embargo no tenían opción y obedecieron, algunos -como el general Hath- sólo siguieron órdenes porque habían jurado lealtad a la corona, aun así, era un gran peso para su conciencia. Entonces, dieron la orden de retirar todas las tropas que protegían los cuatro desfiladeros del sur, y las posicionaron en los caminos principales de la ciudad. Posteriormente, dieron aviso al Jefe de Guerra.

Los caminos tan estrechos eran peligrosos para Orgrim y la Horda, de ser ocupados por fuerzas de la Alianza, podrían bloquearle el paso con un solo puñado de guerreros, por lo que el Jefe de Guerra les ordenó a sus tropas avanzar más rápido para poder salir de la región montañosa y no quedar atrapados. Al cabo de dos días de intenso viaje, Orgrim había conseguido llegar a las faldas de las montañas que se alzaban hacia el este, situadas en el extremo más alejado y sin ver a un sólo humano. Esperó hasta que un número considerable de orcos también consiguieran atravesar las montañas, y sin esperar al resto, avanzó hacia la ciudad de Lordaeron.

Como su estrategia se basaba en un ataque rápido y sorpresivo sobre la ciudad capital, no podía esperar a que toda la Horda atravesara las montañas de Alterac. Los pasos eran muy estrechos y en la espera tardaría días en los que Turalyon podría llegar a reforzar la ciudad. Era arriesgado, pero Orgrim estaba seguro que tomando Lordaeron la guerra podría dar un giro decisivo a favor de la Horda.

Por su parte, la guardia de la ciudad capital divisó al ejército orco que se acercaba a sus murallas y alertó inmediatamente al resto de la Alianza con ayuda de palomas mensajeras. En las tierras de Arathi, el rey Thoras Aterratrols montó en cólera. Aunque lo consideraba un cobarde, el soberano de Stromgarde no se pudo imaginar que Perenolde los llegara a traicionar.

La mitad de las fuerzas del reino de Stromgarde se encontraban junto a la Alianza en las Tierras del Interior y en Quel’thalas, por lo que Thoras no contaba con mucho ejército. No obstante, el control de Alterac sería crucial para la guerra. Ordenó que todo hombre que pudiera luchar le siguiera y, acto seguido, marchó hacia las montañas.

BATALLA

Thoras Aterratrols atravesó las montañas como si fuera uno de los robustos carneros de esa región, con la misma facilidad que éstos. Con sus pesadas botas tachonadas fue hallando el terreno firme necesario para poder escalar esa superficie de granito gris. Sus hombres lo seguían; todos ellos eran avezados montañeros y curtidos guerreros. Como Stromgarde era un reino montañoso, sus niños aprendían a trepar por las paredes de las rocas y escalar los picos de las montañas.

Delante de él, se encontraba el primer desfiladero de Alterac. Aterratrols pudo distinguir unas figuras que se desplazaban por la nieve que no dejaba de caer; unas figuras de complexión fuerte que avanzaban sin cesar, pero de un modo torpe. Sin lugar a dudas, los orcos de la Horda no estaban acostumbrados a esas altitudes ni a esos picos. Los desfiladeros habían sido tallados con sumo cuidado en esa cordillera para ese tipo de gente, para permitir el comercio y la comunicación tanto con Alterac como con otros reinos vecinos de Stromgarde. Sin embargo, Aterratrols y su gente no necesitaban esas facilidades. Preferían escalar las alturas por donde les placiera, en vez de verse atrapados en una larga rampa como la que tenían delante. Los desfiladeros podían ser bloqueados con suma facilidad, y en ellos también se podían tender emboscadas muy fácilmente.

Aterratrols hizo una seña a sus hombres y se agachó, con su hacha en ristre. Una vez que tuvo a la Horda justo abajo de él, dio un salto y aterrizó limpiamente en el desfiladero entre dos orcos a los que pilló por sorpresa. Atacó rápidamente con su hacha. Decapitó a uno de ellos y alcanzó al otro en la garganta en un golpe del revés. Ambos cayeron al suelo. Los orcos situados a ambos lados de los caídos trastabillaron y gruñeron mientras alzaban sus armas. Entonces, cuatro guerreros de Aterratrols aterrizaron de un salto en el desfiladero; dos a la derecha de su líder y los otros dos a la izquierda. Acto seguido, despedazaron a los siguientes orcos de la hilera. Después, más y más hombres suyos se abalanzaron sobre los orcos que se encontraban por detrás de los que ya estaban cayendo. En cuestión de minutos, dos decenas de orcos yacían muertos y el desfiladero se encontraba obstruido por un gran número de cadáveres.

Thoras y sus hombres se llevaron a rastras a los orcos muertos, que ya se estaban quedando rígidos por culpa del frío, hasta una montonera que se hallaba en la parte superior del desfiladero. A continuación, apostó a diez de sus hombres ahí para custodiar ese obstáculo que habían improvisado y se llevó al resto de sus guerreros consigo. El primer desfiladero estaba nuevamente bajo el control de la Alianza, y el siguiente se encontraba a menos de una hora de ascenso.

Nada más llegar, comprobaron que ese desfiladero también estaba repleto de orcos, a los que atacaron del mismo modo. Aterratrols pudo comprobar que los orcos eran unos temibles guerreros, grandes, fuertes y muy duros, pero carecían de experiencia a la hora de batallar en las montañas o con tanto frío, ni tampoco estaban acostumbrados a que sus adversarios saltaran sobre ellos.

Tomaron el segundo desfiladero con la misma facilidad que el primero y lo mismo ocurrió con el tercero: saltaron sobre sus sorprendidos enemigos, y tras acabarlos utilizaron sus cadáveres para bloquear los caminos.

El cuarto desfiladero resultó un poco más difícil, ya que era el más ancho de todos; cuatro hombres podían caminar ahí en paralelo, o tres orcos, por lo que Aterratrols y sus soldados tuvieron que saltar en grupos de cuatro. No obstante, consiguieron bloquearlo también en poco tiempo, aunque tuvieron que colocar unas cuantas rocas para asegurarse de que el paso quedara bloqueado.

El quinto estaba totalmente despejado; al menos, no había ningún orco. Aterratrols se encontró con unos cuantos guerreros que estaban apostados ahí, pero eran humanos y vestían el uniforme naranja de Alterac, aunque estaban apostados tanto en el desfiladero como por encima de él. Al divisarlo, salieron a su encuentro.

De forma cortante (como era propia de él), el rey de Stromgarde quiso saber por qué la Horda estaba utilizando los cuatro desfiladeros del sur para invadir Lordaeron, pero al ver el sobresalto de las tropas, demandó una reunión con Hath, general de Alterac, quien se encontraba en el siguiente desfiladero con el grueso de sus tropas.

Alcanzar el siguiente desfiladero les llevó otra hora más. Este era el sendero más ancho que cruzaba Alterac, era tan amplio que dos carros enteros podían pasar por él a la vez sin rozar las paredes, por lo cual era lógico que apostaran a la mayoría de los soldados ahí para vigilarlo. Aterratrols siempre había congeniado con Hath. Aquel hombre era un soldado muy fiable, un gran estratega y un tipo decente. Siempre le había desagradado tener que luchar contra él y esperaba que esta vez no fuera necesario.

La conversación fue breve. Hath reconoció la traición de Alterac y Thoras logró convencerlo de que restaurara su honor ayudando a la humanidad en su hora más oscura. En cuestión de minutos, Hath, en contra de las órdenes de su rey, asumió el liderazgo y sus fuerzas marcharon a los desfiladeros del sur.

Con sus nuevos refuerzos, la Alianza consiguió mantener el bloqueo de los cuatro desfiladeros. La rápida reacción de Thoras Aterratrols había obtenido la victoria en Alterac al mismo tiempo que otorgaba la ventaja a Terenas en Lordaeron.

Con gran parte de la Horda atrapada en los desfiladeros, Orgrim tendrá problemas en su asedio de la ciudad capital. Algo que veremos en mayor detalle en la próxima entrega de «Grandes batallas de Azeroth: La Segunda Guerra».

CONSECUENCIAS

• El bloqueo de los desfiladeros trajo consecuencias inmediatas a la Horda: con gran parte de sus fuerzas atrapadas en las montañas, Orgrim tendrá grandes problemas en el asedio de Lordaeron y el desenlace de la guerra. En este sentido, aunque la batalla de Alterac fue una de las más cortas del conflicto, fue una de las más importantes.

• La traición de Perenolde no quedará impune: al terminar la guerra, la Alianza declarará ley marcial sobre el territorio y prisión domiciliaria para el rey.

• Gran parte de los orcos atrapados en las montañas de Alterac se quedarán para siempre en el lugar, algunos construirán asentamientos y otros intentarán contactar a los demonios de la Legión. Eventualmente, Arthas y Kel’thuzad se enfrentarán a ellos y los levantarán como miembros del Azote.

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