GRANDES BATALLAS DE AZEROTH: LA SEGUNDA GUERRA – LA BATALLA DEL MURO DE ESCUDOS

Correcciones: Abidormi

«Grandes Batallas de Azeroth» fue un proyecto que comenzó en nuestra página de Facebook llamada Lorekeepers, en ella compartíamos información únicamente centrada en el lore de Warcraft. Todo este trabajo no fue posible sin la ayuda de Astro, Tyrek, Nelson y Ann, mis buenos amigos.

¡La primera batalla entre Horda y Alianza está por comenzar!

La siguiente información proviene principalmente de la novela oficial de la Segunda Guerra: Mareas Tenebrosas y se ha complementado con información de Warcraft: Crónicas 2 que en algunos puntos retconea/reescribe detalles de la trama.

ANTECEDENTES

Aunque a través de Gul’dan y el resto de brujos la Horda contaba con el apoyo de la Legión Ardiente, Alamuerte creía que los orcos no tendrían los medios para vencer a una unión de los reinos humanos. Fue así que los Dioses Antiguos también intervinieron en favor de la Horda (a quienes esperaban utilizar para debilitar a Azeroth), asegurándose de que Ventormenta no recibiera ayuda del resto de los reinos humanos y, más tarde, entregándoles la ubicación del Alma de Dragón, poderoso artefacto con el cual podrían esclavizar dragones.

Mientras que Zuluhed, líder del clan Faucedraco, estudiaba el uso del Alma de Dragón (y posteriormente esclavizaba dragones rojos para que sirvieran a la Horda), Gul’dan utilizaba su magia vil para crear un ejército de Caballeros de la Muerte. Liderados por Teron Sanguino, este pequeño grupo de guerreros constituyó una poderosa arma para la Horda.

Tras la destrucción de Ventormenta, la Horda liderada por Orgrim Martillo Maldito prosiguió su avance hacia el norte, asediando las ciudades de Forjaz y Gnomeregan. Sin embargo, con frustración el Jefe de Guerra fue incapaz de penetrar en las defensas, y dejando al clan Foso Sangrante encargado de mantener el sitio de ambas ciudades, marchó hacia el norte, a seguir con la conquista de los reinos humanos.

En la ciudad capital del reino de Lordaeron, Anduin Lothar, regente del reino (en exilio) de Ventormenta, y el Rey Terenas Menethil, convocaron al resto de líderes humanos a lo que llamarían el “Consejo de las siete naciones”. Tras largas jornadas de discusión, y con la intervención del discurso de un joven sacerdote llamado Turalyon, la humanidad constituyó un pacto militar que defendería a Azeroth de la amenaza de la Horda: la “Alianza de Lordaeron”.

Anduin Lothar, siendo el único de los líderes en tener experiencia luchando contra los orcos, fue nombrado Comandante Supremo de las fuerzas de la Alianza. Alonsus Faol, líder de la Iglesia de la Luz, propuso la creación de una orden de caballeros devotos a la luz, que bendecidos por ésta guiaran a la Alianza en el conflicto. Fue así que se fundó la Orden de la Mano de Plata con Turalyon, Uther, Tirion, Saidan y Gavinrad como sus cinco primeros miembros.

Lothar nombró a Turalyon (quien le recordaba a su amigo Llane Wrynn, rey de Ventormenta) como su segundo al mando, y a Daelin Valiente, Uther y Khadgar como sus tenientes. Asimismo, y con ayuda del rey Terenas de Lordaeron, escribió misivas a los elfos de Quel’thalas solicitando su ayuda. Como el líder de la Alianza era el último descendiente de Thoradin, primer rey de los humanos y salvador de los elfos en las Guerras Trol, la humanidad esperaba que el reino de Quel’thalas cumpliera la deuda de honor y enviaran a sus fuerzas a apoyar al ejército aliado. No obstante, con decepción solo recibieron una pequeña expedición de forestales liderados por Alleria Brisaveloz. En inferioridad numérica y con un ejército que en su mayoría sólo había escuchado historias de una horda de demonios acercándose desde el sur, la Alianza se preparaba para su primera batalla.

Por su parte, la Horda contrató a los Goblin del Cartel Bonvapor, y con su ayuda construyeron una enorme flota con la que esperaban cruzar el mar y atacar el reino de Lordaeron, creyendo que con su destrucción quebrarían la unidad de los humanos.

Aunque la mayoría de los miembros de la Alianza esperaban que la Horda invadiera a través del puente Thandol, los exploradores descubrieron que los orcos habían construido una flota y se preparaban a zarpar. En respuesta, Lothar movilizó a las fuerzas aliadas al centro de las Laderas de Trabalomas, a fin de tener mayor capacidad de reacción a cualquier zona en la que la Horda desembarcara. Asimismo, ordenó al Gran Almirante Daelin Valiente posicionar la flota y defender las costas de cualquier incursión enemiga.

BATALLA

En el horizonte, el bloqueo naval de la Alianza divisó cientos de barcos aproximándose con suministros y miles de orcos a bordo. Al instante, la flota aliada interceptó a los navíos enemigos. Los elegantes barcos de Kul’Tiras superaron tácticamente a la flota de la Horda, incluso más rápido de lo que el mismo Almirante Daelin había previsto: los barcos de la Horda eran inmensos navíos de transporte, pero carecían de movilidad y defensa. Al unísono, los primeros cañonazos volaron una docena de barcos en pedazos y las agitadas olas se tragaron a su tripulación. La guerra se podría haber ganado en el mar (pensó Daelin Valiente) de no ser por la repentina llegada del clan Faucedraco y los esclavizados dragones rojos. Orgrim Martillo Maldito había previsto la superioridad naval de los humanos, por lo que había ordenado que el primer grupo de jinetes de dragón los escoltaran hasta llegar a su destino. Los enormes dragones incineraron a parte de la flota kultirana, forzando su retirada y despejando las costas de Trabalomas para la invasión. Pese a esto, se rehusaron a seguir apoyando el avance de la Horda y mediante un pequeño acto de rebeldía, se abstuvieron del resto de la batalla.

Aunque decenas de miles de orcos habían perecido en el mar, una gran parte de la flota había resistido con guerreros que aún superaban en número a los de la Alianza, y se disponían a desembarcar. Para hacerles frente, Lothar había posicionado a las fuerzas aliadas a través de la última línea de colinas de Trabalomas antes del mar, con la intención de utilizar el terreno a su favor. No obstante, ordenó a sus tropas cargar en dirección a la playa para atacar a la Horda mientras desembarcaban.

Lothar, Uther y Turalyon fueron los primeros en atacar. Las fuerzas de la Alianza gritaron de emoción al ver como sus líderes derribaban y aplastaban a sus enemigos. El ejército aliado había asestado un duro golpe inicial, no obstante, al ver que miles de orcos desembarcaban, Lothar ordenó a sus tropas regresar a la línea de formación.

Una vez había reunido suficientes tropas en tierra firme, Orgrim Martillo Maldito se preparó para ordenar el ataque. En anticipación, Lothar ordenó a la Alianza ejecutar una formación de muro de escudos apoyados por lanzas que repelieran al enemigo desde la altura de la primera línea de colinas. A lo largo de la costa la Horda se posicionó frente al muro humano que había construido su enemigo.

Al grito de batalla, cargaron los miles de orcos energizados por la sangre de demonio que corría por sus venas. Tres veces se estrellaron con el muro de escudos, sufriendo numerosas bajas frente a las lanzas humanas. Aunque algunos de los defensores de la Alianza también cayeron en distintos lugares, sus líderes los formaron en nuevas líneas traseras para apoyar a los compañeros que tomaban su posición en el frente.

Al fracasar su tercer intento, Orgrim reveló su arma secreta: los caballeros de la muerte. Liderados por Teron Sanguino se abalanzaron sobre una sección del muro de escudos y mediante artes oscuras mataron a parte de sus defensores, brotando sangre por sus bocas, narices y orejas. Sorprendido por tal aberración, Uther bendijo al resto de soldados con Luz Sagrada para protegerlos de nuevos ataques, y junto a Tirion Vadín, Saidan Dathrohan y Gavinrad, tres de sus paladines, cargó directamente sobre los caballeros de la muerte. El enfrentamiento fue parejo y se extendió a lo largo de toda la batalla.

Con sus caballeros de la muerte neutralizados, Orgrim ordenó una cuarta carga al muro de escudos, sin embargo, al igual que los anteriores el intento fracasó, perdiendo más orcos ante las lanzas humanas. Sin mayores opciones, la Horda utilizó su último recurso disponible: el ejército de ogros. Armados con árboles arrancados, aplastaron secciones enteras del muro de soldados de la Alianza. Cuando finalmente consiguieron abrir una brecha en las defensas, Turalyon y el resto de líderes dieron la orden de retroceder y reagruparse. La Alianza consiguió formar un segundo muro de escudos al pie de la siguiente colina, mientras que arqueros acosaban el avance de los ogros que les perseguían.

En la retaguardia, Khadgar invocó una tormenta y disparó relámpagos con los que incineró distintos grupos de orcos que intentaban evitar el rearme de la formación humana. Turalyon utilizó la distracción para reforzar el muro de escudos y ordenó que los arqueros prendieran fuego a los matorrales que se encontraban entre la Horda y el flanco oeste, con el fin de dificultar el ataque enemigo.

Aunque el fuego y los rayos detuvieron a parte de la quinta carga de los orcos, no frenaron el avance de los ogros. La Alianza respondió centrando el daño con balistas, flechas y unidades completas de soldados. Khadgar identificó al líder de los ogros y con un poderoso rayo lo eliminó, causando confusión entre las tropas restantes y haciéndolos más vulnerables al contra ataque. El ejército aliado había repelido una vez más el avance enemigo.

La batalla se había prolongado por horas y los defensores del muro de escudos estaban agotados. Para complicar más las cosas, Lothar observó que pese a todos los intentos fallidos, la Horda se preparaba para cargar una sexta vez. La situación era insostenible. Con la posibilidad de que el muro pudiera romperse ante otro ataque, el Comandante Supremo tomó una drástica decisión.

Mientras la Horda comenzaba a avanzar, el muro humano se abría para dar paso a una carga de caballería. En cuestión de segundos, Lothar, Turalyon y otros guerreros montados aplastaron a las sorprendidas líneas enemigas. Cuando la ventaja del ataque se había perdido, Lothar ordenó regresar al muro de escudos. Los orcos intentaron dar persecución a los caballos antes de que pudieran resguardarse, pero una abrumadora cantidad de flechas caía sobre ellos, imposibilitando su avance. Una vez alejado del grueso de la Horda, Lothar ordenó una segunda carga de la caballería. Tal como la primera vez, atravesaron las líneas enemigas y se dispusieron a retroceder bajo la cobertura de flechas, para repetir la estrategia.

Antes de la tercera carga, la Horda, habiendo sufrido incontables bajas e imposibilitada de tomar el control de Trabalomas, hizo sonar el tambor de la retirada. Al instante, los miles de orcos se movilizaron en dirección al este, hacia las Tierras del Interior. Orgrim Martillo Maldito ordenó a Varok Colmillosauro la defensa de la retaguardia, aunque la Alianza decidió no perseguirlos. Lothar entendía que la guerra sería larga y sus hombres debían descansar. Una vez suministrados, perseguirían al enemigo y lo enfrentarían en una nueva batalla por Azeroth.

En su retirada, un grupo liderado por Orgrim, y en base a información previamente recibida por troles del bosque, asaltó la prisión de Durnholde y liberó a Zul’jin, líder de los trols Amani. Tras una breve negociación, ambos líderes llegaron a un acuerdo: los troles del bosque ayudarían a la Horda, siempre y cuando los orcos destruyeran el reino elfo de Quel’thalas. Pero para eso, primero debían cruzar por el territorio de los enanos Martillo Salvaje…

CONSECUENCIAS

• Tras largas horas de batalla, y a nueve días de su formación, la Alianza de Lordaeron había obtenido la primera victoria de la guerra. Esto tuvo un largo impacto en el conflicto: la humanidad se había dado cuenta de que la Horda no era invencible.

• La exitosa defensa de Trabalomas significó una gran victoria estratégica para los reinos humanos. Las ciudades capitales de Lordaeron, Gilneas, Dalaran, Alterac y Stromgarde quedaban protegidas de cualquier asedio mientras la Horda estuviera en las Tierras del Interior.

• La novela menciona que la flota kultirana eliminó a “decenas de miles” de orcos. Si consideramos que “Elegía” (novela de Battle for Azeroth) menciona que TODA la Horda (conjunto de sus razas) tiene un ejército de “miles”, significa que la Batalla de Trabalomas fue una de las más sangrientas de la historia de Warcraft.

• Finalmente, la retirada hacia el este y la alianza de la Horda con los Amani conllevará grandes problemas para Orgrim, lo que veremos en mayor detalle en la siguiente entrega de “Grandes Batallas de Azeroth: La Segunda Guerra”.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s