“Un susurro de advertencia” es el nuevo relato corto (gratis) que nos entrega Blizzard como una suerte de pequeño preludio de lo que veremos en el parche “Corazón Oscuro”, así como de la próxima expansión. La novela escrita por Delilah S. Dawson nos cuenta los conflictos interiores y familiares de Alleria, así como la demostración de la relación que tiene con su hijo Arator y su gran amor Turalyon.


La historia transcurre en la ciudad de Lunargenta, donde Alleria llega para encontrarse con su hijo, quien (aparentemente) vive en esta jurisdicción. Lor’themar en persona es quien se encuentra con Brisaveloz, advirtiéndole que, si bien en el pasado fue un héroe para su pueblo, hoy en día (y dados los últimos acontecimientos relacionado a la Fuente del Sol, donde la presencia de Alleria casi destruye esta) los propios sin’dorei le tienen miedo. La condición que sele impone a Alleria es que, para el anochecer, ella debería estar lejos de la ciudad, a esto Brisaveloz acepta y es escoltada por algunos guardias de la ciudad. En el trayecto se deja en claro que Lunargenta comenzó (por fin) un proceso de reconstrucción.

Eventualmente llegan hasta una residencia, en la cual estaban reunidos (para sorpresa e Alleria) Turalyon y Arator, en donde el padre le contaba al hijo algunas anécdotas respecto a sus años de lucha contra la Legión Ardiente. Alleria entra en escena, los dos hombres se sorprenden, pero están felices de verla. Alleria y Turalyon intercambian algunos diálogos en los cuáles se evidencia que “se mantuvieron alejados cada uno en sus asuntos” y esa especie de anhelo por ser una familia unida, pero la imposibilidad de serlo, además de cómo ellos aún sienten amor el uno por el otro, pero la desconfianza en ambos (quizá un poco más en Turalyon) impide que estén juntos.

Turalyon señala que tiene un asunto que atender con Liadrin, esto permite que madre e hijo puedan tener un paseo “a solas (en realidad los estaban siguiendo unos guardias), en este momento es cuando Arator y Alleria conversan un poco más a profundo, el semielfo revela que tiene tatuajes, señalando que no son mucho del gusto de su padre pero que su madre sí lo apoya, también se revela la mentalidad del menor: ser un guerrero de la Luz, donde luche ahí se le necesite, “por la causa”, esto le preocupa a Alleria quien se lo expresa, pero su hijo, presa de la juventud (y de una niñez sin sus padres) está seguro de sus convicciones, en la misma línea, cuando se le pregunta sobre si hay alguien especial para él, Arator se sonroja pero afirma que no tiene tiempo para el amor en la vida del guerra. Su vida. Alleria no tiene más tiempo, por lo que le revela a su hijo que hay una amenaza en auge y que no desea que él participe en esta batalla que se avecina, pero el semielfo, con sus convicciones interiorizadas, se niega a esto.

Alleria entiende que no lo puede detener, y aunque no esté de acuerdo con él, respetará su decisión. El anochecer llega y Alleria se marcha de la ciudad, habiendo tenido una buena charla, anhelando que en algún momento ellos puedan volver a ser una familia en una época de paz.

CURIOSIDADES Y ANÁLISIS

Lunargenta ¿Sin’dorei flojos o sin presupuesto?

Es indiscutible que el haber elegido Lunargenta como contexto para desarrollar este relato ha sido adrede. Como bien sabemos, en la próxima expansión (Midnight) se habló de la remodelación del viejo mundo (Lunargenta, por ejemplo) y la Fuente del Sol sería pieza importante. Lo que han querido demostrar en este relato es un guiño a que habrá un revamp en lo que es Quel’thalas, teniendo como punto central a la ciudad élfica. Lo que resulta gracioso es que recién, después de más de veinte años, se busque terminar de reconstruir la ciudad en su totalidad ¿Por qué tanto tiempo?

Es un poco risible, incluso más ahora, considerando que incluso una expedición militar arathi pudo construir, en quince años, toda una ciudad y pueblos en un entorno hostil, donde, desde su llegada, el peligro los amenazó. Como otro punto, se menciona que en Lunargenta aún se conservan estatuas de Kael’thas. Este punto es ampliamente debatible. Por un lado, todos conocemos los crímenes del príncipe caído, quien gracias a su actuar comenzó una guerra civil entre su propia gente, sumado a que él mismo fue el artífice de su corrupción; por otro lado, Kael’thas dirigió y organizó a su pueblo en el momento más nefasto de su existencia, guiándolo a un futuro con esperanzas, teniendo estas ideas ¿Es correcto que aún se tengan estatuas de él? Esta pregunta se la transmitimos a ustedes, estimados lectores.

Alleria

Las referencias que la autora plasma en este relato corto, que están relacionadas a toda literatura donde Alleria y Turalyon interactúan, es simplemente sublime. Los susurros y el poder del Vacío aparentemente se han vuelto más agresivos y peligrosos en algún punto (fuera de cámara), esto llevó a perjudicar su relación llegando, si bien se señala que cada uno está ocupado con sus trabajos, de alguna manera, y por el bien de los dos, deben estar separados de vez en cuando porque, cuando de Luz y Vacío se trata, ambos son agua y aceite hasta cierto punto.

Brisaveloz se muestra en su rol de madre dolida por no haber vivido junto a su hijo, se muestra arrepentida solo por este hecho, pero de algún modo ella sabe que el deber de haber dejado a su hijo realmente permitió que pudiera vivir en un mundo y no en un cráter humeante. Las voces del Vacío llegan a ser muy dolorosas de leer, la desalientan, la hieren, tratan de bajar su moralidad, su autoestima y le presentan escenarios irreales (una alusión a lo que sería la ansiedad), pero la curtida forestal logra sobreponerse a ellos, en todos estos años ha sabido lidiar con estas voces y no se ha dejado llevar.

La charla que tiene con Arator, sobre la confesión de que siempre lo amó y hasta pudo sentirlo a veces estando ella muy lejos, es sin duda un dardo al corazón. Es reconfortante ver cómo esta relación de familia se desarrolló más (siendo que en El Voto Eterno fue la última vez que la familia estuvo juntos, pero sin desarrollo), se demuestra cómo Alleria respeta y apoya al lado rebelde de su hijo, después de todo es una herencia directa de ella. Esta Alleria, contrario a otros personajes desarrollados por otros autores, sí se siente corresponder a la naturaleza del personaje que conocemos desde Warcraft II.


Arator


Arator es el primer semielfo en la historia de Warcraft (siendo seguidos por sus primos), es hijo de dos de los más grandes héroes que tiene Azeroth y no era justo que siempre viviera a la sombra de sus padres (nadie debería vivir a la sombra de nadie). En la actualidad debe tener alrededor de 35 años. A lo largo de los años, en las ocasiones que aparece Arator el desarrollo que recibe no es grande, desde pequeñas apariciones durante TBC mostrando este nerviosismo y ansias por saber de sus padres (quienes ya no estaban en Terrallende) hasta Legión, donde nuevamente hizo aparición en Santuario de la Luz, hasta los acontecimientos recientes. Se agradece en demasía cómo se ha desarrollado a Arator, demostrando querer seguir la imagen y legado de su padre al ser parte de la Mano de Plata ¡E incluso tiene el rango de “caballero”! Busca ser un gran guerrero para proteger a los demás, tanto así que se desprende del análisis del personaje que él mismo está descuidando aspectos emocionales (como relaciones sentimentales).

Este Arator que se nos presenta parecería ser una suerte de alusión al clásico estereotipo de caballero sagrado, aquel que hace un juramento de castidad, defender a los demás y mantener un camino de rectitud y habilidad. Es curioso cómo desde el año 32 (Legión), es decir, hace más de diez años aproximadamente, el estigma y los traumas de su niñez siguen presentes y da la impresión que el único avance que ha tenido ha sido con su padre, esto podría deberse a que comparten mucho, empezando por el hecho de que están unidos en la Luz y en la misma orden, mientras que Alleria es una “bomba”, considerando lo antagónico que son Luz y Vacío.

A nivel de trasfondo, dos seres imbuidos con estas energías opuestas técnicamente no deberían hacer contacto entre ellos, esto se remarca en Las Sombras se Alzan, Turalyon y Alleria podían tocar sus manos porque estaban enguantadas y eso no permitía que los susurros del Vacío pudieran afectar a Turalyon, o que la Luz rechazara a Alleria. Arator demuestra una faceta rebelde, mostrando un tatuaje de dragón (el cual su padre no está muy de acuerdo), también demuestra a su madre esta faceta de terquedad, un tema en común que podrían compartir sin que se sientan incómodos en la charla. Esperemos que en algún punto Arator, pero sobre todo la familia de tres, pueda continuar con su desarrollo.

Turalyon

Es curioso cómo parte de la comunidad juraba y perjuraba que Turalyon era un fanático de la Luz y que estaba destinado a ser el próximo villano que “la Alianza necesita”. Alguien a quien “se le va la olla” o cosas por el estilo. El presente relato corto de algún modo parece anticiparnos algunas cosas. Turalyon se nos muestra como un padre que pretende enamorar a su hijo con historias “de un heroico pasado”, y es que parece que no sabe conectar con su hijo con otros temas que no sea como narrador o incluso en temas relacionados a la Luz (que ambos comparten).

En su faceta como pareja de Alleria, su relación hoy más que nunca es… complicada. Como se mencionó previamente, en algún punto fuera de la pantalla la relación entre ambos se quebró, tomando una decisión (madura) de que ambos sigan con sus labores, pero no podían estar juntos. La autora deja en claro cómo la pareja desea poder estar juntos, pero a sabiendas de la naturaleza de ambos no puede. Turalyon aparentemente, respecto a temas del Vacío, se ha vuelto un poco más “serio”. Resulta curioso y sería bueno que nos expliquen un poco más qué cambió en ambos, porque la última vez en la que hubo química entre ambos fue en Las Sombras se Alzan, tratando de amarse a pesar de la imposibilidad.

Incluso Alleria está dispuesta a “ayudar a Turalyon en el esfuerzo de reconstrucción de la Alianza”. Cuando señalaba que “el presente relato corto de algún modo parece anticiparnos algunas cosas” es porque están presentando a un Turalyon que, aparentemente, poco a poco, está cayendo en un estado de baja tolerancia respecto a temas antagónicos a la Luz. Ella misma cree incluso que Turalyon podría obligarla a “tratarse”, a “cambiar” si decidiese quedarse ¿Es esto un guiño a que en cualquier momento se puede dejar envolver por los designios de la Luz y romper el pequeño hilo que aún lo ata con Alleria? Se siente la tensión, en cómo Turalyon y Alleria se aman, pero saben que no pueden demostrarlo de manera abierta o con total confianza. Esto, de alguna manera, es triste.

Generalidades

Finalmente, hay unos cabos que no podemos dejar sin mencionar:


¿Por qué Arator está viviendo en Lunargenta? Aparentemente está residiendo en esa ciudad. Resulta extraño esto, pues desde niño ha estado involucrado netamente con la Alianza, esto considerando que ha crecido en Dalaran junto a Vereesa y sus primos y en Ventormenta, además de pertenecer a la Mano de Plata. ¿Por qué no vive en alguna de estas ciudades? Cierto es que es el hijo de una Brisaveloz y por ende tiene el derecho de vivir en Lunargenta, pero suena un tanto incoherente esto. Aunque, nuevamente, el que se desarrolle todo en esta ciudad convenientemente es para hacernos un guiño a lo que se viene.


¿Qué hace Turalyon en Lunargenta, sin seguridad? El señor regente de Ventormenta se encuentra sin protección ni resguardo de guardias alguno. Es curioso cómo los tiempos cambian, ni siquiera el maestro de espías está cerca para asegurar la seguridad de este líder. Por otro lado ¿Qué asuntos tendría con Liadrin? ¿Acaso se hablaría de la reincorporación de los caballeros de sangre a la Mano de Plata? Recordemos que para BfA, tanto caminasoles como caballeros de sangre fueron expulsados, tomando, la Mano de Plata, un rol a favor de la Alianza. Porque… estrictamente va por negociaciones ¿Verdad?

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